La eliminación de Chivas de Guadalajara ante Cruz Azul dejó escenas muy fuertes dentro del Estadio Jalisco, pero una de las que más impactó a la afición rojiblanca fue la reacción de Hugo Camberos tras el silbatazo final. El joven atacante terminó quebrado sobre el césped mientras las tribunas seguían alentando al equipo pese a la derrota en semifinales del Clausura 2026.

La imagen se volvió todavía más emotiva cuando desde las gradas comenzó a escucharse el clásico “Ya me voy para la cancha, ya me voy a ver a Chivas”. En ese momento, Camberos se llevó la camiseta al rostro, intentando ocultar las lágrimas mientras caminaba lentamente hacia la zona de la banca. Visiblemente afectado, el juvenil rojiblanco parecía no encontrar consuelo después de quedarse a las puertas de una Final que ilusionó a toda la afición.

El caso de Camberos además tiene un contexto muy especial dentro de este torneo. Desde hace meses, gran parte del entorno rojiblanco considera que una de las joyas de Verde Valle merece más protagonismo en el primer equipo. Su desparpajo, personalidad y capacidad para desequilibrar habían generado muchísima expectativa desde antes de la llegada de Gabriel Milito, al punto de despertar rumores de interés desde Europa y provocar una renovación de contrato con cláusula millonaria.

Sin embargo, el atacante nunca terminó de convertirse en una pieza fija dentro del sistema de Milito. Incluso en esta Liguilla, marcada por las bajas de cinco futbolistas convocados a la Selección Mexicana, Camberos tuvo poca participación. Se perdió la ida contra Tigres por molestias físicas, volvió a la banca para la revancha y recién sumó minutos importantes en la semifinal de vuelta ante Cruz Azul, cuando Chivas ya estaba abajo en el marcador y el rival completamente replegado, con muy pocos espacios para explotar sus condiciones.

La desazón de los jugadores de Chivas

La reacción de Camberos tras la eliminación también pareció reflejar esa mezcla de frustración, dolor e impotencia acumulada durante el semestre. Y no fue el único jugador profundamente golpeado por el desenlace de la serie. Óscar Whalley abandonó el campo entre lágrimas después de una Liguilla donde respondió como titular en el arco rojiblanco, mientras que Diego Campillo protagonizó otro de los momentos más sensibles de la noche al ir a buscar a su padre en las gradas buscando consuelo tras la derrota.