La eliminación de Chivas en las semifinales del Clausura 2026 golpeó fuerte a toda la afición rojiblanca. El Rebaño cayó 2-1 ante Cruz Azul en el Estadio Jalisco y quedó fuera de la pelea por el título con un global de 4-3, después de una Liguilla en la que logró eliminar a Tigres y volvió a ilusionar a su público como hacía mucho tiempo no sucedía. Sin embargo, más allá de la tristeza por no alcanzar la final, también queda una sensación muy clara alrededor del proyecto de Gabriel Milito: el argentino sí logró despertar al “gigante dormido” del que habló cuando asumió en el club.
Cuando llegó a Chivas, Milito dejó una frase que marcó su proyecto desde el primer día: “Llego con la misma idea de Matías (Almeyda), despertar al gigante dormido, ojalá que lo pueda conseguir”. El entrenador incluso retomó una expresión muy ligada a su compatriota, uno de los entrenadores más queridos por la afición rojiblanca. Rápidamente dejó en claro que su intención era devolverle protagonismo e identidad futbolística al Guadalajara.
Y aunque el título finalmente no llegó, el cambio en el equipo fue evidente. Chivas volvió a ser reconocido como uno de los conjuntos que mejor juega en toda la Liga MX, con una propuesta ofensiva, agresiva y muy valiente. Además, Milito apostó fuerte por la cantera y terminó potenciando a varios jóvenes que hoy ilusionan al club y a la Selección Mexicana. No es casualidad que cinco futbolistas rojiblancos hayan sido convocados por Javier Aguirre en plena Liguilla.
La conexión con la afición también fue uno de los grandes logros del ciclo. Durante estas semanas se vieron entrenamientos a puertas abiertas repletos, apoyo masivo en el Akron y en el Estadio Jalisco, y hasta reconocimiento para los jugadores después de la eliminación ante Cruz Azul. Algo poco habitual en un entorno tan exigente como el de Chivas. El aficionado volvió a sentirse identificado con el equipo por su intensidad, su personalidad y la manera de competir.
Por eso, más allá del dolor que dejó la eliminación, el Clausura 2026 también puede marcarse como el torneo en el que Chivas volvió a despertar. No alcanzó para conseguir la ansiada 13, pero sí para recuperar algo que el club había perdido durante mucho tiempo: identidad, ilusión y la sensación de que existe una base sólida para volver a pelear seriamente por títulos en el futuro.
