Los datos no mienten: Chivas atraviesa una crisis de resultados. El Guadalajara apenas suma un triunfo en los cinco partidos que ha disputado en la temporada, además de dos derrotas y dos empates, mientras que solamente ha conseguido marcar tres goles, todos gracias a genialidades individuales de Roberto Alvarado más que a jugadas colectivas perfectamente elaboradas, lo que explica buena parte de las dudas que existen alrededor del equipo.
Y si bien Gabriel Milito reconoce que estos resultados están muy lejos de lo esperado, el estratega rojiblanco también ha insistido en que Chivas está jugando a un muy buen nivel. Para el técnico argentino, el problema está en algunos detalles que todavía deben corregirse, pero el funcionamiento de sus dirigidos le genera confianza de cara a lo que viene en el Apertura 2026.
Las estadísticas de cada partido le dan la razón a Gabriel Milito
Los números le dan la razón al menos en parte. Quitando el partido contra Toluca, el Guadalajara ha superado a todos sus rivales en posesión, goles esperados (xG) y tiros a portería, llegando a dominar grandes tramos de los encuentros y, en algunos casos, prácticamente los 90 minutos. El problema es que ese dominio no se ha traducido en goles ni en resultados, una situación que comienza a ser preocupante.
En un futbol cada vez más estratégico, donde los equipos estudian constantemente a sus rivales y buscan cualquier alternativa para conseguir la victoria, esto abre una pregunta importante: ¿realmente Chivas está jugando bien y dominando a sus rivales, o los equipos ya descubrieron que pueden esperar un contragolpe para hacerle daño? El Guadalajara propone un futbol ofensivo, mantiene mucha gente cerca del área rival y, cuando pierde el balón, puede dejar espacios que sus adversarios están comenzando a identificar.
De hecho, los goles que Chivas recibió ante Puebla, LAFC y FC Dallas llegaron precisamente en contragolpes, con el equipo corriendo hacia su propia portería y algún error individual que terminó permitiendo al rival encontrar el remate. Todo parece indicar que los adversarios han entendido que, ante la dificultad de quitarle el balón a un Guadalajara tan trabajado y con tanto talento, una buena estrategia puede ser replegarse, esperar el error y atacar rápidamente para después volver a cerrar espacios.
Un gran ejemplo es Juárez. Mientras los Bravos visitaron el Estadio Akron y buscaron en todo momento mantener el empate ante Chivas, llegando incluso a terminar el encuentro con cero tiros a portería, su planteamiento cambió por completo contra Pumas. En casa, el conjunto fronterizo se lanzó al ataque, dejó espacios y los universitarios terminaron aprovechándolos para golearlo 1-5. Los riesgos que Juárez no quiso correr contra el Guadalajara sí aparecieron ante un rival que le permitió tener más protagonismo ofensivo.
Chivas sí juega bien, pero también los rivales aprendieron a hacerles daño
Entonces, ¿cuál es la respuesta? La realidad es que las dos cosas pueden ser ciertas y, de hecho, lo son. Gabriel Milito tiene razón al defender el funcionamiento de Chivas: el equipo juega bien, genera ocasiones y ha sido superior a prácticamente todos sus rivales, a falta de mejorar una efectividad frente al arco que es un problema colectivo y no solamente de Armando González. Sin embargo, también es evidente que el Guadalajara sufre cuando los rivales “meten el autobús” y que los contragolpes se han convertido en una de sus principales pesadillas. Encontrar la manera de solucionar ambos problemas será fundamental si el Rebaño Sagrado quiere transformar su buen futbol en los resultados que tanto necesita.
